FRANCISCO DE QUEVEDO

Estáis leyendo un libro en el que, entre otros personajes históricos, aparece don Francisco de Quevedo, magnífico escritor español de la época conocida como  El Siglo de Oro. Recordad, era un periodo de esplendor económico y artístico en España en los siglos XVI y XVII.
Una de esas figuras de la literatura era Quevedo, escritor brillante pero con un carácter especial, decían que tenía mala leche.
 En una ocasión, le piden que improvisara una cuarteta -estrofa de cuatro versos- en la que interviniera la rima lápiz, que es de las pocas palabras en español que carecen de rima consonante. Inmediatamente Quevedo le escribió:

Al escribir con mi lápiz
he cometido un desliz.
Resulta que he escrito tápiz,
en vez de escribir tapiz.

Como veis, es muy ingenioso.
 Quizás la anecdota más famosa fue la que involucra a la reina. Los amigos apostaron a que Quevedo no era capaz decirle a la reina Mariana de Austria, segunda esposa de Felipe IV, que sufría una cojera. A esto Quevedo dijo que era capaz de decirselo en la cara sin que se enfadase . Allá fue, pues, nuestro ínclito personaje a cumplir su apuesta:
Llegado el día decidido se presentó Quevedo ante la soberana portando en su diestra una rosa y un clavel en la siniestra.
Ahí estaba toda la corte reunida y ante público tan noble, a modo de testigos, mostró ambas flores a la reina para que admirara su textura y gozara de su aroma y entonces haciendo una reverencia le declaró:
"Entre el clavel blanco y la rosa roja, su majestad escoja"
 Además, el rey también conoció el ingenio de Quevedo, ya que en una ocasión Felipe IV le pidió que improvisara unos versos. Quevedo le dijo que le diese pie, refiriéndose a que le diera un comienzo. Pero el rey no lo entendió y le dio su pie, en ese momento Quevedo dijo:

En esta postura
dais a entender, señor,
que vos sois la cabalgadura
y yo el herrador.

 Era costumbre en aquellos tiempos orinar en la calle y Quevedo, asiduo a las salidas y juergas nocturnas, solía hacerlo en un determinado portal cuando regresaba hacia su casa tras rondar toda la noche. Para evitar las micciones intempestivas algunas gentes colocaban cruces en los lugares que querían preservar de la incontinencia urinaria popular, y así ocurrió en el sitio que Quevedo solía elegir para aliviarse la vejiga. A pesar de ello, no sabemos si conscientemente o fruto de su más que posible embriaguez, don Francisco volvió a orinar donde acostumbraba, haciendo caso omiso de la cruz allí colocada. Al día siguiente, le pusieron un cartel a fin de aclararle la situación: “Donde se ponen cruces no se mea”. Quevedo, al verlo, añadió: “Donde se mea no se ponen cruces”.
Era todo un personaje.

Es muy conocido su enfrentamiento  con Góngora, otro excelente escritor, cuya poesía era diferente de la suya. Aquí tienes un vídeo sobre el tema:





Y finalmente os dejo su poema más famoso, Érsa un hombre a una nariz pegado, dedicado a Góngora, por tener una nariz grande:

ACTIVIDADES
1. Nombra algún pintor y escritor -no valen los aquí nombrados- de nuestro Siglo de Oro.
2. ¿Qué es la rima consonante y la asonante?
3- ¿Qué significa la expresión "dar pie"?
4. Escoge qué anécdota de las aquí contadas sobre Quevedo te gusta más y explica la razón.
5. ¿Qué verso del poema dedicado a Góngora te parece más ingenioso?

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